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A MENOS DE UN MES DE INICIAR SU PERIODO, LA 55 LEGISLATURA LOCAL, REVELA SUS VÍNCULOS CON GRACO RAMÍREZ, A TRAVÉS DE LA CONTRATACIÓN COMO “ASESORES”, DE DOS SINIESTROS Y PERVERSOS PERSONAJES, ALFONSO HERNÁNDEZ GURROLA Y ROBERTO SOTO CASTOR…

LA COLUMNA...
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Por: Felipe Villafaña

La apertura democrática, en la representación popular permite muchos perdones de personajes que en el pasado reciente hicieron mucho daño al estado de Morelos, tanto así que la presencia del ex gobernador más corrupto en la historia de la entidad, está presente no solo en el Poder Judicial y hay resquicios de éstos en el Ejecutivo, órganos autónomos y ahora en el Legislativo estatal.

Todo conocedor de la administración pública estatal y nacional sabe que Graco Ramírez es un tipo deshonesto, traidor y puede inmiscuirse muy bien hasta en la Cuarta Transformación sin ser visto, es un hombre hábil y rencoroso.

El regreso de Graco Ramírez al Congreso local no es a través de algunos diputados, sino de los más siniestros personaje que le hacen daño al estado con sus acciones, con sus actitudes y hasta con su hipocresía.

Por los pasillos, en el Salón de Comisiones y en el Pleno del Congreso local es visible el paso de un personaje que en la Quincuagésima Tercera Legislatura local vigiló el actuar de sus diputados.

De hecho, este tipo fue conocido como el diputado 31 y no era precisamente Rodrigo Gayosso, sino alguien a quien su padre adoptivo le otorgó todas las confianzas para ser el vigilante y mandón del Poder Legislativo desde el año 2012 al 2018.

El nombre de Alfonso Hernández Gurrola es conocido como un personaje siniestro, de nula ética política y de un pasado negro ligado a los actos de corrupción que cometieron las ex diputadas Beatriz Vicera Alatriste y Hortencia Figueroa Peralta.

Ahí está otro que retorna a la vida política estatal dentro del Congreso y es precisamente el esposo de Hortencia Figueroa Peralta: Roberto Soto Castor, quien parece que regresa a “limpiar el buen nombre de la familia”.

Los dos, son muy cercanos a Graco Ramírez y no lo pueden negar en la frente traen la marca de la casa, incluso están inmiscuidos en el saqueo de un estado sumido en la pobreza económica, política y social que heredó el tabasqueño y sus aliados.

Ambos están de orejas del ex gobernador, son los ve y dile como lo hizo Alfonso Hernández Gurrola en todo un sexenio, sin aportar realmente nada a favor del estado y fue una de los personajes que aprovechó el cargo para empoderarse económicamente.

Lo mismo pasa con la familia Soto Figueroa quienes con Graco Ramírez tuvieron el manejo de millones de pesos para ellos, para decidir el funcionamiento del Congreso local y, sobre todo, buscar los mecanismos legales a fin de que su jefe no fuera castigado por dejar al estado de Morelos en la miseria.

El problema del regreso del lado obscuro de Graco Ramírez al Congreso de Morelos, es que termina con la credibilidad de los 20 diputados, quienes iniciaron muy bien su labor y no pueden quedar en entredicho con la contratación de aquellas personas que están bajo el escrutinio y cuestionamiento de la sociedad morelense.

En la tierra de Emiliano Zapata Salazar hay miles de profesionistas con capacidades extraordinarias, con honorabilidad comprobada y que dentro del servicio público o en la iniciativa privada demuestran su ética personal.

Los graquistas son la peste para los morelenses, son ese virus que ya no puede estar presente en Morelos, se hizo patente el pasado seis de julio cuando votaron contra los candidatos del Partido Morelos Progresa, conocido como el de los políticos corruptos, hasta el PRD le tocó parte de la mala reputación de Graco y sus más de 100 ladrones y por eso perdió el registro como instituto político.

Es el momento de recuperar la H de honorabilidad que tuvo en otras legislaturas locales la Cámara de Diputados del estado, es ahí donde los actuales diputados tienen la oportunidad de hacerlo y seguir el sendero de sacar adelante una entidad que durante seis años fue saqueada por la pillería de Graco Ramírez y sus secuaces.

Y entre los asesores al interior del Poder Legislativo local hay muchos que no son graquistas, pero en los municipios se les recuerda y no por su trabajo a favor del pueblo, sino porque fueron unos auténticos ladrones al igual que el ex gobernador de Morelos. Por hoy, es todo.

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